Una de las primeras preguntas que se plantea toda familia que piensa desescolarizar a sus hijos es: ¿es legal? Y de esa comienzan a derivarse otras bastante lógicas, ¿podré certificar sus conocimientos? ¿Es un delito? ¿Me pueden quitar a mis hijos? Todas estas preguntas abruman y retrasan la decisión de desescolarizar porque causan miedo.

Pues bien, justo aquí les voy a responder de manera breve la situación real de la educación en casa en México. Nosotros, las familias que hemos elegido no llevar a nuestros hijos a la escuela, vivimos en un vacío legal, esto significa que no existen leyes que regulen la educación en casa de forma específica. No hay que inscribirnos en ningún lado, nadie nos pide cuentas, nuestros hijos no tienen que responder exámenes cada cierto tiempo.

Sin embargo, esto no quiere decir que no tengamos reglas que observar. Estar en un vacío legal significa que, si en algún momento vamos a juicio (por ejemplo, por un divorcio), será el juez quien determine la legalidad o la ilegalidad de lo que estamos haciendo; pero al no existir leyes específicas se tendrá que recurrir a otros elementos.

Uno de estos elementos es la jurisprudencia. En México existen dos tesis aisladas (nos faltan tres para ser jurisprudencia) que otorgan a los padres el derecho a elegir la educación de sus hijos, siempre y cuando ésta responda a los contenidos mínimos del derecho a la educación.

¿Y dónde están estos contenidos? En el Artículo 3° Constitucional. Por lo tanto, los que educamos en casa debemos tratar de apegarnos a lo que nos compete de dichos contenidos, a saber, y de acuerdo a la más reciente reforma al Artículo 3° promulgada el 15 de mayo de 2019, como padres debemos cuidar que la educación que brindamos a nuestros hijos sea:

  1. Basada en el respeto irrestricto a la dignidad de las personas y con un enfoque de derechos humanos, es decir, nada de golpes, se puede y debe educar con límites respetuosos y amorosos.
  2. Que desarrolle armónicamente todas las facultades del ser humano, es decir, educarlos en ciencias, pero también en arte y en deporte, en emocionalidad y en todos los aspectos que involucra un ser humano completo.
  3. Que promueva valores como la honestidad, la solidaridad, la independencia, la justicia, etc.
  4. Y cuyos contenidos mínimos sean los que pide la SEP, es decir, podemos basarnos en sus programas y de ahí aumentarle todo lo que queramos. Aunque basarnos en sus programas no significa ir a sus tiempos, sino a los nuestros, pero cuidando que nuestros hijos vayan adquiriendo, a su ritmo, los contenidos marcados en los planes y programas de la SEP, si aprenden más cosas, todavía mejor.

Si bien el Artículo 3° abarca muchas más cosas, la mayoría de ellas se refieren a lo que debe hacer el Estado y los maestros; esto que cito arriba es lo que nos compete a nosotros como padres de familia. Mientras sigamos esos puntos y nos cuidemos de amar, cuidar y proteger a nuestros hijos, podemos estar tranquilos, no estamos cometiendo ningún delito y nadie puede quitarnos a nuestros pequeños.

Ahora, sobre la certificación, sobre ello hay dos caminos principales:

  1. Inscribirlos en un currículo extranjero, hay muchísimos, y obtener así papeles de USA que avalan los conocimientos de nuestros hijos y que luego podremos revalidar en SEP.
  2. Inscribirlos al INEA, el INEA tiene dos opciones:
    • Mevyt 10-14, un programa para niños de los 10 a los 14 años, pensado para grupos vulnerables de población y que no funciona en todos los Estados, depende mucho de la disponibilidad de asesores.
    • INEA adulto, a partir de los 15 años y sin ningún problema nuestros hijos pueden solicitar presentar un examen y si lo aprueban con 8 o más les dan su certificado en un máximo de 3 meses; si lo reprueban les ofrecen presentar los módulos y al cabo de entre 6 y 10 meses estarán terminando su primaria. A esa edad también pueden presentar su secundaria sin problema.

Como pueden ver, tenemos opciones de certificación, lo que recomiendo es tener muy claro el camino que vamos a elegir desde un primer momento, porque no tiene caso llevar ambos sistemas “por si las dudas”, eso además de generar gastos y estrés, puede resultar contraproducente para nuestros hijos. Lo mejor es decidir un camino, seguirlo y si no funciona, sólo si no funciona, probar con otro. Lo bello de este estilo de vida es su flexibilidad.

Martha Rebolledo

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