¿Qué es educar en casa?

Por Martha Rebolledo

Pareciera una pregunta con respuesta obvia, pero la experiencia me ha ido enseñando que no es así. Existen muchas formas de educar en casa, muchos mitos alrededor de ellas y muchos equívocos de lo que es realmente.

Vamos por partes.

Tomar la decisión de educar en casa no debe hacerse a la ligera, requiere de una reflexión familiar (porque no puede ser una decisión unilateral) sobre hacia dónde orientaremos la vida de nuestros hijos y de nuestra familia. La pareja debe estar de acuerdo en todo momento sobre la decisión que se va a tomar, pues esto evitará problemas futuros.

Por otra parte, es necesario plantearse un plan de vida, que será flexible porque las cosas no siempre salen como se planea; sin embargo, tener un rumbo claro ayudará a tomar decisiones de manera más sencilla.

Así, una vez que la familia está de acuerdo y han pensado en su plan de vida, llega el momento de desescolarizar o de nunca escolarizar según sea el caso.

En ambos casos es indispensable que los padres ya hayan desescolarizado su mente, para que no se presionen sobre tiempos, boletas, edades de certificación o comparaciones con otros niños escolarizados. Este tiempo es sumamente importante, porque justamente educar en casa es permitir que los niños vayan a su propio ritmo de aprendizaje y éste puede ser tan rápido o tan lento como se desee.

¿Por qué digo esto?

Porque uno de los errores más comunes es creer que al educar en casa vamos a tener las mismas cosas que en la escuela, es más, muchos padres que inician en esto sin investigar llegan y preguntan ¿dónde se inscribe el niño? ¿A qué parte de la SEP hay que acudir para avisar? Y esto no es así.

En México la educación en casa no es legal, tampoco ilegal, pero como no está contemplada en la ley, no hay boletas, ni se inscribe uno en ningún lado, ni hay “escuelas tipo homeschooling”, ni nada de eso. Ahí es donde muchos padres comienzan a desanimarse, porque la responsabilidad de educar en casa no se puede transferir, es de nosotros como padres y sólo de nosotros, y no a todos les gusta ese tipo de responsabilidad.

Educar en casa es una responsabilidad compartida entre padre, madre e hijos.

Otra confusión muy común es creer que, como tenemos el derecho de educar a nuestros hijos como nosotros decidamos, el Estado tiene la obligación de responder nuestras exigencias. Nada más lejano de la realidad.

Si decidimos educar en casa debemos estar conscientes que no habrá certificado de preescolar. Que muy probablemente podremos certificar la primaria de nuestros hijos hasta los 15 años, y su secundaria quizá un año después, que tal vez “pierda” un año en lo que logra certificar para entrar a la prepa, aunque sea en línea. Entonces, no podemos estar exigiendo ni a la SEP, ni al INEA, ni al CENEVAL, que certifiquen a nuestros hijos cuando nosotros queramos porque no queremos que “pierda un año” o “que se atrase” o “que se aburra”, o simplemente creemos que entre más rápido vaya, pues mejor. Eso no es así. Lo único que se logra con esta actitud es cerrar puertas a otras familias que venimos atrás y que estamos dispuestas a esperar el tiempo que sea prudente para hacer las cosas sin obstáculos.

Educar en casa es no estar atados a los tiempos que la sociedad impone, sino permitir que la propia dinámica familiar vaya dictando esos tiempos y tomar las decisiones de manera informada y tranquila.

Por otra parte, si educamos en casa tampoco debemos creer que es la única opción, muchas familias se frustran porque luego de pasar unos años educando en casa el hijo o la hija desean volver a la escuela. Esto es normal. ¿Por qué? Porque la educación en casa no es para todos. Cada niño es diferente, a algunos les encantará ser educados en casa con una estructura rígida, otros preferirán una más flexible, los habrá que gusten de ser dejados a su albedrío, y también quienes optarán por regresar a la escuela. Todas estas formas son válidas, un educador en casa no sataniza la escuela, simplemente comprende que cada persona es distinta y que su vástago tiene todo el derecho de tomar una decisión sobre su propia vida.

Educar en casa es tomar en cuenta a nuestros hijos, porque son personas con derechos y con la capacidad para opinar y decidir sobre lo que harán con su vida, para eso los educamos, para que sean capaces de tomar sus propias decisiones.

Y así como hay perspectivas confundidas, también hay mitos por doquier. El mito más común y molesto es que los niños educados en casa no socializan y viven fuera del mundo. Esto no es cierto, un niño educado en casa aprende a socializar con todo tipo de personas, desde el policía que cuida el banco hasta la señora que vende pollo en la esquina, aprende a comportarse de acuerdo al lugar en el que está, sabe guardar silencio en una biblioteca y brincar y gritar en el parque de juegos, igual se relaciona con niños más pequeños que con otros más grandes, no distingue por género, juega lo mismo con niñas que con niños, aunque sean tímidos, son personas sociables y capaces de interrelacionarse con otras personas desde el respeto.

Educar en casa es enseñar a nuestros hijos a relacionarse sanamente con otras personas, desde la tolerancia y la empatía, y para ellos nosotros seremos su ejemplo a seguir, así que como padres educadores debemos aprender también a ser tolerantes y respetuosos.

Otro mito muy común es que los niños educados en casa no tienen nada que hacer y pasan su tiempo holgando, encerrados, sin responsabilidades. Nada más alejado de la realidad. Como padres que educamos en casa nuestra prioridad será siempre observar lo que motiva e interesa a nuestros hijos para proponerles actividades de aprendizaje que les ayude a prepararse en aquello que les apasiona.

Además, salimos mucho para que tengan la oportunidad de conocer el mundo, relacionarse con él y aprender a sobrevivir en él. Esto requiere que formemos en ellos la capacidad de ser responsables, y esto puede hacerse de muchas maneras, cada familia encontrará la suya, lo importante es que se tenga claro que un niño educado en casa no hace nada por obligación, sino por un genuino interés y un muy claro sentimiento de responsabilidad que ha desarrollado gustosamente.

Educar en casa es conectar a nuestros hijos con el mundo.

Otro mito más es que la educación en casa debe ser excesivamente planeada, que los padres deben ser docentes de profesión y que se necesita mucho dinero para pagar cursos, maestros y comprar material en casa. Esto tampoco es cierto, hay muchas modalidades de la educación en casa.

  • La educación en casa estricta, que es el conocido homeschooling y que se orienta a llevar la escuela a la casa con cuadernos, materias, currículo, evaluaciones, horarios, etc.
  • La educación en casa flexible, o flexischooling, aunque también sigue un currículo es más libre en cuanto a estructura, no se ciñe a horarios y el currículo lo van decidiendo padres e hijos juntos a través de un profundo conocimiento de sus intereses y curiosidades (Laura Castellaro).
  • La educación en casa libre, o unschooling, que parte de la idea de que el chico aprende todo el tiempo y de cada experiencia, por lo que no llevan currículo, no se interesan en las certificaciones, no tienen prisa y dejan que sea el niño quien marque el ritmo y la pauta de los contenidos en los que se interesará.
  • La educación supraescolar, modelo creado por Priscila Salazar y que “es la libertad de paradigmas escolares, educativos o sociales que nos permite aprender sin límites para desarrollar nuestro pleno potencial” (Priscila Salazar).

Y entre todas estas modalidades hay submodalidades, y pueden usar distintas pedagogías, estrategias de enseñanza, didácticas, o combinarlas o inventar la propia. Por lo que el universo de la educación en casa es realmente muy grande y, sin embargo, tiene límites.

¿Cómo sabemos que algo no es educación en casa? En el momento que delegamos la responsabilidad de educar a nuestros hijos en alguien más, llámese “experto”, “couch”, “escuela tipo homeschooling”, etc. Si bien los padres que educamos en casa sabemos que no siempre podremos enseñarles a nuestros hijos todo lo que ellos desean saber, sí nos responsabilizamos directamente de toda su educación. Quizá los inscribamos en cursos de cosas que no sabemos, como ballet o música, o carpintería; pero el resto de los aprendizajes correrán por nuestra cuenta, e incluso estando en el curso estaremos al pendiente de ofrecerles materiales, experiencias relacionadas con los contenidos que está revisando, platicaremos con él o ella sobre lo que aprende y cómo se siente cuando lo aprende. Es decir, nos haremos cargo.

Educar en casa no se limita a una opción, existen diversas modalidades y cada familia puede crear la propia, siempre que los padres sean los responsables directos de la educación de sus hijos.

Finalmente, con todo lo que aquí se ha escrito se puede aventurar una definición de lo que es la educación en casa:

Educar en casa es tomar la responsabilidad total de formar a nuestros hijos académica, física, moral, psicológica y emocionalmente, al tiempo que nos conectamos con ellos para conocerlos y que nos conozcan, y creamos lazos que serán su fortaleza para cuando tenga que enfrentarse al mundo en un futuro. Educar en casa es formar seres humanos amorosos, valientes, tolerantes y capaces de responder a los retos de la sociedad actual con creatividad, conocimiento y empatía.